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Santos del día
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Santos Proceso y Martiniano
Eran dos soldados que custodiaban a los apóstoles Pedro y Pablo en la cárcel Mamertina, los cuales, viendo los prodigios que obraban los santos apóstoles se convirtieron al cristianismo junto con otros 47 hombres y mujeres. Murieron mártires en Roma, y sus cuerpos fueron sepultados en la Vía Aurelia, en el cementerio de San Dámaso. La ciudad de Roma les tuvo gran devoción desde el siglo IV y durante la Edad Media.
NR: A principios del siglo IX el papa san Pascual trasladó sus reliquias a San Pedro, donde reposan en un altar dedicado a ellos.
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Intención del Santo Padre para este mes
Por el respeto de la vida humana
Oremos por el respeto y la protección de la vida humana en todas sus etapas, reconociéndola como un don de Dios.
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Mes de la Preciosísima Sangre de Cristo
Instituida en el año 1849 por el papa Pío IX, la fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor fue elevada de rango por Pío XI, con ocasión del decimonono centenario de la muerte del Salvador. Al recordarnos la escena del Calvario, con la lanza que atravesó el costado del divino crucificado, la Liturgia de la fiesta quiere subrayar el sentido y el alcance infinito de este sacrificio. Este mes se dedica a honrar, por tanto, la sangre que fluía del Sagrado Corazón; Jesucristo no nos ha redimido por su palabra sino dando hasta la última gota de su líquido vital. En ella consideramos nuestra grandeza, nuestro precio: la Sangre de Dios hecho Hombre.
Oración
"Oh Sangre y Agua, que brotaste del Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Vos confío", (oración enseñada por Jesús a santa Faustina; Diario, 187).
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Contemplación de la imagen
El Niño Dios, que descansa alegre entre los brazos de la Virgen, sostiene en su mano derecha una cruz, su cruz victoriosa, con cuyo extremo distal aplastará para siempre la cabeza soberbia de la Serpiente Antigua cuando, al ser elevado a lo alto, en el Monte Calvario, la cruz se hunda en el pozo cavado en el Monte Calvario y aplaste el cráneo de la Serpiente para siempre. De momento, el Niño parece divertirse con la Serpiente, que está aplastada bajo el peso intolerable del pie de la Santísima Virgen, que cumple de esta manera la orden divina: "Ella te aplastará la cabeza" (Gn 3, 15). Algunos ángeles contemplan la belleza de la Virgen, otros, su victoria y la del Niño Dios, sobre el demonio.

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Madre mía
San Alfonso María de Ligorio
Madre mía amantísima, ¿cómo es posible que teniendo madre tan santa sea yo tan malvado? ¿Una madre ardiendo en amor a Dios y yo apegado a las criaturas? ¿Una madre tan rica en virtudes y yo tan pobre en merecimientos?
Madre mía amabilísima, no merezco ser tu hijo, pues me hice indigno por mi mala vida.
Me conformo con que me aceptes por siervo; y para lograr serlo, aun el más humilde, estoy pronto a renunciar a todas las cosas.
Con esto me contento, pero no me impidas poderte llamar madre mía. Este nombre me consuela y enternece, y me recuerda mi obligación de amarte.
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Este nombre me obliga a confiar siempre en ti.
Cuanto más me espantan mis pecados y el temor a la divina justicia, más me reconforta el pensar que Tú eres mi madre.
Permíteme que te diga: Madre mía.
Así te llamo y siempre así te llamaré.
Tú eres siempre, después de Dios, mi esperanza, mi refugio y mi amor en este valle de lágrimas.
Así espero morir, confiando mi alma en tus santas manos y diciéndote: Madre mía, madre mía María; ayúdame y ten piedad de mí. Amén.
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