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Santos del día
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San Alucio
De origen italiano, era pastor. Fundó albergues y otras obras de beneficencia pública. Los jóvenes que formó para el servicio en los hospitales, recibieron el nombre de hermanos de San Alucio. Se cuentan muchos milagros del santo y a él se atribuye la reconciliación entre las ciudades enemigas de Ravena y Faenza. Murió en el año 1134, y es patrono de Pescia, Toscana.
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"Tus manos son mis manos, tus pies son mis pies"
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Jesús con los pies clavados
ya no puede caminar,
pero lo mismo el Maestro
quiere evangelizar.
Ayudantes que ha elegido
le han contestado: "después",
por eso te mira y te dice:
"Tus pies son mis pies".
También las manos, Jesús,
las tiene clavadas en la Cruz
y no puede, así, el Maestro,
ayudar a los hermanos,
pero como es el Redentor
de todo el género humano,
te mira y te dice, Jesús:
"Tus manos son mis manos".
Si con estas manos, Señor,
yo a veces te he clavado,
ahora que Tú, Maestro,
me las pides de prestado,
yo te contesto diciendo
en respuesta a tu llamado:
"Mis pies son tus pies,
mis manos son tus manos".
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Con mis pies recorreré
los senderos escarpados
repartiendo con mis manos
tu mensaje a mis hermanos.
Cansancio no sentiré porque
Tú me miraste y dijiste:
"Tus pies son mis pies,
tus manos son mis manos".
Maestro, yo te agradezco
esta misión que me has dado
pero lo que más aprecio
es la gracia del llamado.
Por eso, no sólo, Señor,
quiero darte pies y manos,
yo en este día te ofrezco
el corazón que me has dado.
Y ahora, contento, Jesús,
contesta desde el sagrario:
"Gracias por darme la acción
de sus pies y de sus manos
y luchar contra el pecado,
y me dan el corazón
cuando gustosos ofrecen
sacrificios y oración".
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Himno a la Pasión de Cristo
Si de la oscuridad me reclamaste
con tu Pasión tras verte escarnecido,
¡cuánto agradezco aquello que has sufrido,
pues que con ello, Amado, me salvaste!
Si por tu celo y amor no me dejaste,
ya que de ti fui siempre perseguido,
tan solo es tuyo, Señor, lo conseguido,
pues con tu sangre y tus ojos me alcanzaste.
¡Cuánta miseria y lodo hay en mi vida!
¡Cuánto sufriste, Amor, por no quererte!
¡Qué salvación me has dado inmerecida!
Vamos, Señor: dame pronto la muerte,
ya que por ella he de encontrar la Vida...
Quiero morir, Señor,... para tenerte.
Día viernes penitencial.
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